Una vez más brilló el cielo estrellado al terminar la lluvia. La noche parecía ser todo un desastre, un concierto de Buena Fe anunciado y justo al anochecer comenzó a llover. Por casa, en los más jóvenes, alguna que otra mirada se humedeció al pensar en la posibilidad de que los planes se rompieran, pero dos horas después de su comienzo la lluvia comenzó a ceder el paso a las estrellas y la esperanza retornó a los corazones. Nosotros, fieles admiradores del grupo era seguro que, si existía la posibilidad de que se diera el concierto, allí estaríamos, pero aún teníamos incentivo doble, pues contábamos con una visita que nunca había disfrutado del grupo en vivo y sería su primera vez.
Ya cerca de las 11pm era un hecho real que la lluvia se había alejado y la esperanza retornó a los corazones. Nunca han faltado a su palabra, por lo que salimos convencidos de que vendrían.
Ya en la media noche, llegaron. ¡Qué concierto! Maravilloso, espectacular y cualquier otro adjetivo similar cabe para designar lo que allí vivimos. Además de interpretar temas incorporados a su conocida discografía, fuimos premiados con estrenos de su próximo disco como Casanova y Dame Guerra.
No faltó la participación de los jagüeyenses acompañando al grupo en el coro de los temas conocidos, así como la presentación de una coreografía montada con el tema La culpa.
En lo particular me gustaría hacerle llegar un mensaje al grupo y en especial a Israel. ¡No maduren! Sigan siendo nuestras voces, continúen leyendo nuestros pensamiento y conviértanlos en poesía que luego es musicalizada, como ha resultado hasta ahora con sus canciones.
En una ocasión, hace algunos años, alguien les profetizó que serían “los bomberos de los 40”, ¡No se conviertan en bomberos! Continúen incendiando corazones con independencia de los años que tengan, pues, en lo particular, el rango de edad de los seguidores del grupo, entre las personas que conozco, va desde la adolescencia hasta pasados los 60, incluso irradiando hacia el exterior. Recuerden que el fuego enemigo es casi una certeza del buen camino, pero del amigo, aún cuando nos duela, siempre podemos aprender.

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