Un mensaje de amor

Los hijos. El día en que estos pequeños angelitos disfrazados de humanos llegan a nuestra vida todo cambia, se ilumina. A partir de ahí cambian nuestras prioridades, no podemos explicarnos cómo podía ser tan importante una situación determinada comparada con el más mínimo problema de estos pequeños seres, ¡pequeños Si!, porque aún cuando sean hombres y mujeres seguirán siendo el niño o la niña para los padres.
Soportamos cualquier dolor o enfermedad sobre nuestra persona apenas sin molestarnos en ir al médico, pero si ellos reflejan la más mínima dolencia caemos de inmediato en el cuerpo de guardia del policlínico o el consultorio y todo lo demás volvió a pasar a un segundo plano.
No existe mejor medicina para el cansancio, preocupaciones o dolencia personal que su risa clara y cristalina, ni mayor causa de tristeza que ver lágrimas en sus ojos. Muchas veces nos volvemos guerreros, no para pelear sus batallas, sino para enseñarles a combatirlas.
No hay mayor placer en esta vida que sentir que confían en ti como un amigo(a) y que muchas veces solicitan tu consejo, aún cuando, si la conducción ha sido satisfactoria, analizarán la situación, el consejo recibido y al final tomarán la decisión correcta desde su punto de vista. Si era la mejor o no, eso lo dice el tiempo, pero… ¿quién no se ha equivocado alguna vez en la vida?

¿Quién tiene la verdad absoluta sobre cómo educarlos para convertirlos en hombres y mujeres de bien?

Esta es una pregunta que dudo alguien pueda responder, pues durante todo este proceso en lugar de maestros siempre somos aprendices, sin lugar a dudas aprendemos también de nuestros hijos. Solo podemos asegurar que el amor y el tiempo compartido con ellos es una siembra que, a la larga, da muy buenos frutos.
Juega con ellos, comparte con sus amistades sin perder de vista cómo eras y qué requerías a esa edad. Trata de comprender que la sociedad evoluciona y existen cambios que debes asimilar, comprender y a veces, hasta aceptar. Pero el amor, la sensibilidad y la responsabilidad que seas capaz de formar en su interior le darán las armas suficientes para luchar cualquier batalla.

Como colofón, les regalo la letra de una canción relacionada con el tema y que a mi en lo particular me encanta.

Los ojos de Aitana.
Moneda Dura.

Estoy ganándome la vida, pa’ que no le falte nada,
tengo derechos de amor, que duermen bajo su cama,
siento temores porque el mundo, se está poniendo tan negro,
pero la luz de su mirada me rescata del infierno.
Voy a inventarle una sonrisa, pa’ que pueda devolverla,
voy a enseñarle lo malo para que no se me pierda,
En una mano traigo entero todo el dolor de esta tierra
y en la otra mano el corazón para que aprenda a quererla.

Estribillo:
Puede suceder que de pronto amanezca aquí en la Habana,
si me están mirando los ojos de Aitana.(Se repite)

Quiero forrarme de madera, si se pone llorona,
quiero volver de miel de abejas pa’ que no se sienta sola
y quiero ser su caballero aunque me muera de celos
cuando algún día se enamore y se me pierda en el cielo.
Aitana sueño y me pregunto, si sentirá que la quiero,
todas mis noches sin dormir, se vuelven aire en su pelo.
Estoy ganándome el futuro pa’ que se sienta orgullosa,
pero yo soy solo un mortal y ella es todita una diosa.

Estribillo:
Puede suceder que de pronto amanezca aquí en la Habana,
si me están mirando los ojos de Aitana.(Se repite)

2 comentarios

    • Thalía Estrada en 30 marzo, 2014 a las 11:28 AM
    • Responder

    me encanta esa canción me gustaría que saliera por la TV

    • Bernardo en 3 abril, 2014 a las 10:37 AM
    • Responder

    Pasé por esa obra de criar los hijos, que por demás, no tiene fin hasta el día que uno diga adiós a las armas. No importa que tengan 1 mes, 2 añitos, 20, ó 30 años. Cuando te llegan los nietos, se repite el ciclo pero en una escala superior, aún coexistiendo con la crianza de los hijos que te dan los nietos. Es algo divino, es decir, grandiozo. ¡Bienaventurados los que puedan tener hijos y nietos! y sean conscientes de eso. No pudiste escoger un final mejor para tu artículo que la canción de Nasiris (¿se escribe así?) Lugo.

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