Por: Dr C Diego de Jesús Alamino Ortega
Sin querer poner en duda la belleza de otros idiomas, cito en el título la frase de una conocida canción y puedo añadir: ¡cómo me gusta oírlo hablar bien! Hace algunos años un profesor de Mérito trataba de convencer a un grupo de bisoños maestros de la necesidad de introducir en nuestras aulas la Práctica Integral del Idioma Español como una asignatura más, y para ello manifestaba: “ya no me entiendo con mis alumnos; ellos hablan otro idioma”.
Es verdad que el idioma evoluciona, que el español tiene matices diferenciadores según sea la región que habitan los parlantes y que existe un habla culta y otra popular, pero la evolución no puede llevarnos a no entendernos. Por el contrario: debe potenciar una mejor comunicación.
¿Qué me quiso decir un estudiante cuando me espetó: -profe, a Fulanito le gusta “especular el baro”?. En otra oportunidad, pregunté a un alumno cómo le había ido en una fiesta y me respondió: – “aquello estuvo de madre”.
La palabra especular existe en nuestro idioma, pero no con la acepción que se le dio en la frase. ¿Responderá esta “redefinición” a necesidades sociales, o es introducida por esnobismo, por aparentar ser diferente, o para ser aceptado en un determinado grupo?
La carencia de adjetivos para calificar un hecho da muestras de pobreza de vocabulario, a la vez que oscurece la comunicación, ya dañada por la mala articulación de las palabras y la falta de una debida entonación.
A esto se une el uso de frases escuchadas en otras oportunidades, las cuales, por ejemplo, son tabla de salvación ante preguntas sobre una relevante personalidad: “fue un revolucionario que luchó por la libertad de Cuba”, o “realizó importantes descubrimientos científicos”.
Estas expresiones pueden referirse a Continuar leyendo

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